...un lejano pueblito donde una jovencita ingresó al palacio deseosa de hacer las cosas bien. Puso blanco sobre negro en algunas cosas, y todos los días intentaba hablar con su "abuelita", pero el Lobo de siempre se lo impedía, no fuera cosa que ella pudiera contarle algunas cosas. Parece que, después de lidiar mucho con el "Lobo Feroz", la jovencita lo habría decidido en las últimas horas: renunciaría a su participación en la fábula y se quedaría en aun puestito menor, donde no tuviera que "hacer dibujitos con numeritos", tal como le pidió el "Lobo Feroz". Adivina adivinador... y colorín colorado...
