Se realizó durante el fin de semana, y albergó a un puñado de puesteros (estratégicamente distribuidos alrededor de la plaza para que pareciera una cantidad mayor), exhibió -en la mayoría de los casos-, un sinfín de baratijas made in Taiwan. Como cierre, la inteligente organización presentó un recital de cumbias que fue acortado debido a la pésima calidad del sonido. Ofertas de La Salada, cumbia en una feria de arte criollo y más "delicias" hicieron que Teodelina vuelva a volar bajito, pudiendo ser un cóndor. La organización, por supuesto, sostiene orgullosamente que se trató de "un éxito sin precedentes para un pueblo que progresa día a día". Y es lógico: cuando se conoce la laguna, no se puede hablar del mar. La cantidad de expositores que este año llegó a la supuesta "V Feria de arte criollo" no superó a la del año pasado, solo que en esta oportunidad se decidió que se colocaran los puestos alternados, de manera que se pudiera cubrir todo el círculo interno de la plaza, y así pareciera que la cantidad era mayor. Sin embargo, varios de los expositores decidieron retirarse puesto que afirmaban que "no es una feria de artesanos sino una feria de la oportunidad. Acá, artesanos hay muy poquitos. El resto, compra en La Salada o en Once y revende en Teodelina", afirmó un artesano dedicado al rubro mimbrería, oriundo de Berazategui, Buenos Aires. Esto, por supuesto, atenta contra la continuidad de este fabuloso (si estuviera bien organizado) emprendimiento local. El común denominador fueron los puestos tristemente montados, un stand lleno cada cuatro vacíos; y demasiados expositores dedicados al rubro reventa. También faltó el tradicional stand del grupo Arteodelina (ausente al no recibir la tradicional invitación por parte de los organizadores), motivo por el cual los artistas locales no tuvieron forma de exponer sus trabajos. Tampoco estuvo presente el tradicional patio de juegos que año tras año montaba el grupo de teatro infantil "Arte & Cía". Como cierre, la ramplona inteligencia de los organizadores hizo un vuelo corto (digno de sus estilos), y aterrizó en la contratación del zafio grupo de cumbias "Play" que hizo las delicias... de aquellos que no tienen la capacidad de oír: el poco gusto de su música se unió a la pésima calidad del sonido para brindar un espectáculo triste, chabacano, decadente y barato, que no estuvo a la altura que años anteriores había alcanzado la Feria de Arte Criollo. Algún día, en este pueblo se permitirá -a quienes saben- hacer lo que saben. Y a quienes no saben, mandarlos a la escuelita para necios.
